Antonio López inauguró el pasado 15 de noviembre la exposición de esculturas «Europa & Pasífae»

 

Texto: Katia Rejón
La Jornada Maya

Inspirado en la obra Las bodas de Cadmo y Harmonía de Roberto Calasso, el artista Antonio López realizó una serie de esculturas talladas en madera, resina y bronce que conforman la exposición Europa & Pasifae misma que se inauguró el pasado jueves 15 de noviembre a las 20 horas en la galería Lux Perpetua. 

En la playa de Sidón un toro intentaba imitar un gorjeo amoroso. Era Zeus. Así inicia el libro del autor italiano, que también da prólogo al trabajo de López, donde la relación que tiene Pasifae con el toro se entrelaza a la pasión europea por este animal. Eros (versión griega de Cupido) es el primer Dios incluso antes que Zeus “porque si no hay impulso creador, no hay nada”, explica Antonio López en entrevista con La Jornada Maya.

La figura de Eros aparece en la exposición como un niño juguetón y burlón, un tanto malicioso. El humor velado de estas piezas se extienden a toda la exposición que cuenta una historia: según el mito griego, Poseidón encargó al rey Minos sacrificar un toro para él, sin embargo éste lo encontró tan hermoso que prefirió quedárselo y sacrificar a otro toro. En respuesta, el dios hizo que su esposa, Pasifae, se enamore del animal. De ese amor zoofílico nace el Minotauro. 

Laberínticas, las piezas tejen una historia en conjunto pero cuentan otra por sí mismas. Por un lado hay pequeñas esculturas que representan a Europa como un toro, acarreado por Zeus; por el otro hay una Pasifae en medio de la sala, tallada en madera y con una piel de árbol que obliga a tocarse. 

“Está hecha con un tronco de pino trabajado con motosierra. Tiene un proceso de quemado, el sueño de Pasífae en sí, la quema, la sobrepasa. La característica del pino es que crea líneas y textura lo que genera este impulso de tocarla”, comenta el escultor.

Además de Minos, Zeus, Eros, Pasifae y el Minotauro, también están representados Teseo y Ariadna. “Se dice que Teseo fue el primer hombre que usó a una mujer para sus fines. Él quería matar al Minotauro para convertirse en un héroe”, platica. A su lado hay un Minotauro adolescente, con las manos extendidas, una expresión que contradice su identidad como monstruo. 

“Sí hay cierto humor negro. Me gusta burlarme de mis fobias, locuras y tonterías”, explica para después comentar la escultura de Minos, una cabeza que se lleva la mano a la boca, sorprendido de algo que él mismo ha provocado. 

El trabajo de Antonio López es también de artesano. “Decía Miguel Ángel que la pieza estaba ahí, nada más había que descubrirla. La madera es un ser vivo y hay una responsabilidad enorme cuando se toma un tronco. Si ves las esculturas, no busco un recubrimiento de la madera. Quiero que tenga carácter, que se note el árbol y las herramientas de trabajo. Los rayones, metales que se doblaron en el tronco, son parte de la pieza”, agrega.

Cuenta que el árbol donde surge Teseo, Ariadna y dos Minotauros salió de un cedro blanco que se recargaba sobre la barda de su taller. “La mujer que me rentaba el espacio tenía miedo de que el cedro tirara la barda, así que lo cortó. Era maravilloso, todos los árboles lo son, la sombra, su aroma, cómo representan las estaciones. Entonces tomé ese árbol y le hice un homenaje”, afirma.

La exposición se presentó primero en el Claustro de Sor Juana en la Ciudad de México, aunque con menos piezas y ligeras modificaciones. Antonio López creó estas piezas pensando en exponerlas en esta galería, donde también participó como artista en la muestra colectiva Initio, con la cual Lux Perpetua abrió sus puertas en el 2015.

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