Reseña: Exposición de pintura de Carles Díaz Campillo “Bodas místicas con la naturaleza domeñada”

 

Texto: Leandro Soto
Educador y crítico de arte

La galería de arte ¨Lux Perpetua¨inaugurada el veinte de septiembre del 2018 , es una muestra del artista español Carles Días Campillo-, nacido en Tenerife, educado en Mallorca, pintor tradicional de cuadros que nos remiten, como en una máquina del tiempo, a un pasado que ya no existe y que solamente pueden apreciarse en las obras impresionistas de los artistas de fines del siglo XIX como las de Claude Monet, Gustav Klimt, ola primera etapa de Cezanne. Gustavo Villalobos, Rector de la Universidad Complutense de Madrid, señala en un catálogo de una exposición del artista: “El locus horridus se transmuta en oasis, abarcable, pero intenso trasunto del Paraíso imaginario”.

Esto lo logra el artista con una revisita a los temas de paisajes y jardines pintados como planos, sin perspectiva, ni volumen, ni contraste de valores, pero sí con un buen uso del color, creando un efecto gráfico que visto a través de una foto o reproducidos, se convierten en imágenes que parecen serigrafías impresas.

Solamente observando el original donde la huella de la brocha es visible con trazos limpios, es que se aprecia una tela muy bien pintada, donde la brocha, con la textura que deja en ella, nos permite ver que el pintor sabe moverla en diversas direcciones de acuerdo con la forma representada, creando un ritmo interno de movimientos que el observador puede reconstruir.

El ver esta exposición en Mérida en el siglo XXI produce un impacto que nos hace enfrentarlas produciendo dos reacciones: una de rechazo y escape a algo ya pasado de moda, o por el contrario, la aceptación de algo que remite al observador al pasado sugiriendo una revisita a un ¨locus amoenus¨ del imaginario del artista. La obra puede convertirse también de un golpe,en arte conceptual, en una propuesta a considerar, una forma de arte que se resiste a enfrentar la violencia visual del mundo contemporáneo. Es evidente que Carles se niega a usar emociones negativas, tan comunes en el arte de hoy, su arte recrea un espacio sereno, tranquilo y sin conflictos.

En esta época se puede decir que después de las vanguardias, todo arte es conceptual. ¿Y por qué se dice esto con frecuencia?Porque existe la obra, pero existe con igual fuerza el contexto presente donde la obra se exhibe y este contexto activo -que lo forma tanto el espacio de exhibición como aquéllos que contemplan la obra- transforma las piezas y las compele a dialogar y a emitir un discurso o discursos simultáneos. Quizás no esta fue intención original del artista, pero sucede de forma espontánea,resultado de la interacción dinámica de los antes mencionados elementos.

Las piezas están expuestas en una galería de arte contemporáneo, enmarcadas -a petición del artista- y esto es importante tenerlo en cuenta- en marcos dorados y plateados de estilo barroco, exhibidas en la ciudad de Mérida, una ciudad que cada día se transforma más y más en un espacio receptivo y abierto para el arte actual tanto local como internacional.

Hay varios puntos que abordar. Uno de ellos es el que hace que las piezas parezcan objetos de ambientación para ser usados en una escenografía o en la decoración de un cuarto o sala de un film con tema del siglo XIX, donde se trate de la historia de una familia burguesa, acomodada como las que vivieron en ciudades del Caribe añorando el pasado, una clase media alta europea o descendiente de ella.

En el contexto histórico de Mérida, “La Ciudad Blanca”sabiendo lo que esto significa, ¿se convierten estas obras en crítica o exaltación del pasado histórico? ¿O en homenaje o memorabilia de lo que fue y ya no es?

Este cuestionamiento se produce por varios factores visuales como lo es el tamaño de las obras que las convierten en objetos decorativos de pequeños espacios-casi íntimos-con hermosos jardines que no quieren establecer relaciones con losespaciosexterioreso que evita las imágenes que aparecen por las ventanas de las ciudades industriales.Los temas hablan de una tranquilidad que puede desaparecer repentinamente al abrir la internet y leer las noticias del día al leer un periódico con los sucesos del momento. Lo internacional y lo local conviven por la media informativa en espacio y tiempos simultáneos, ¨locus amoenus y locus horridus¨, dos realidades coincidentes.

Si bien los temas no abordan nada que tenga que ver con la industria como la de los pintores italianos, franceses, cubanos y mexicanos de los 30´s, son reiterativas, emulando lo que podría verse como una producción en línea. Ligeros cambios aparecen y el estilo es cuidadosamente mantenido, evitando rompimientos que cuestionen visualmente lo que se trabaja y propone el artista en ellas.

Bien se sabe que los pintores chinos de hoy a petición del mercado internacional, pueden producir series de obras en cualquier estilo europeo o americano, incluso con temas de cowboys e indios de Arizona, y estas obras se venden para decoración de hoteles, hospitales, espacios públicos, habitaciones y restaurantes en varias partes del mundo. Pero este pintor es español y esto hay que tenerlo en cuenta, vive en Europa, visitando ciudades donde se produjo este arte, de cierta forma hay autenticidad en ellas. Aparecen palmas que recuerdan las del Caribe, pero en Palma de Mallorca hay también palmeras. ¿Está fuera del tiempo a propósito su propuesta, quiere revisitar el pasado, o busca un mercado en ciudades que pasaron por una añoranza de algo que les llegó de lejos?, ¿Qué transformación sucede en estas pinturas al ser exhibidas en Mérida?. Si la música de ambientación en la galería fuese la de Debussy o la de Chopin y no un Jazz, el viaje al pasado sería inmediato, e inevitable, pero también esta música en contraste con lo expuesto nos recuerda que estamos en Latinoamérica en el siglo XXI, nos saca del film y nos pone en un bar o en espacio público para“pasarla bien”.

Un escenógrafo o instalador de arte hubiese incluido en la muestra un caballete tradicional con una pieza a medio hacer, había embarrado con manchas de pintura las paredes de la galería, al menos en los lados de las piezas, una silla del siglo XIX, -muy fáciles de encontrar en Mérida, la Ciudad Blanca- y una mesa colonial con una copa de vino rojo a la mitad de ser bebida.

¿Por qué esta propuesta de intervención teatral del espacio? Porque las obras más que ventanas de representación tridimensional, son como tapices colgados en marcos dorados, objetos, artefactos culturales exhibidos en un contexto que las transforma en un discurso de evasión. El visitante no tiene muchas opciones:o se funde con el discurso pictórico decimonónico y lo acepta, o se retira de inmediato pues rechaza el artefacto como un consumidor frustrado que busca otro producto más de acuerdo con sus criterios y su tiempo vivencial.

Una galería de arte hoy día es una ventana al pasado o al presente, una tienda sofisticada, un espacio de diálogo cultural, un lugar de disfrute o de discusión entre los observadores que se encuentran en ella. ¿Produce en nosotros la exposición “Bodas místicas con la naturaleza domeñada”, un cuestionamiento, o una posible aceptación de los espacios transformados, destruidos o conservados por las generaciones que han vivido en ellos?

Si quiere responder esta preguntas no le queda de otra que visitar la exposición, enfrentarse con las obras, huir inmediatamente, o caminar como un turista que visita a la ciudad sin comprometerse con los sucesos que se dan en ella a nivel biológico, ambiental o socio-político.

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